sábado, 25 de enero de 2014



¡ACONTECIMIENTOS QUE NO SE OLVIDAN¡

Aún recuerdo aquel 18 de abril, un día lleno de dolor y sufrimiento, no podía creer lo que estaba pasando, mi querido primo falleció después de padecer una terrible enfermedad que lo aquejaba; en la sala de velaciones se sentía un aroma muy fuerte y agradable, en la parte delantera estaba el ataúd, a su alrededor reposaban los adornos y buques de flores que dignificaban el aprecio y amor que cientos de personas sentían por Darwin Yánez.

Nadie se imaginaba que él, apenas a sus 29 años iba a partir de este mundo, cinco meses antes se sometió a una cirugía que supuestamente era muy sencilla y que no le causaría daño alguno, sin embargo la realidad fue otra; tanto amigos como familiares nos quedamos impactados al recibir la penosa noticia de que Darwin sufría cáncer terminal, y que fue razón suficiente para no practicarle ningún tipo de cirugía, pues aceleraría su muerte.

Aquella tarde tan dolorosa, llena de llanto, que evidenciaba la  consternación que sufría la familia por la noticia, fue un momento que recordaré toda mi vida, lo más difícil fue ocultar todo lo que había pasado ante aquel ser tan sensible y sublime que no tenía ni idea de lo que le estaba ocurriendo y que tenía la firme esperanza de recuperarse lo antes posible para continuar con su trabajo al que tanto amaba y por el que tanto lucho después de haber cursado el proceso académico en la universidad Politécnica Nacional.

Un hijo incomparable y bondadoso, un amigo fiel y buen consejero, un primo inolvidable que nunca se olvidaba de recalcar el valor que tenía el estudio, un soñador de siempre, que nunca decaía ante los problemas ya que a través de la paciencia y la comprensión conseguía una fácil solución; en fin un hombre tan bueno y dedicado que la muerte vestida de negro nos arrebató.

Los días pasaban y en vez de una pronta recuperación, la debilidad y su delgadez se apoderaban de su cuerpo, sus ojos, sus manos, su tés ya  no era la misma, y cómo no recordar aquella preocupación y lástima que se sentía a sí mismo con la gran intriga de saber porque en vez de recuperarse continúa en un mundo llego de dolor y sufrimiento.

Pero la respuesta siempre era la misma, que se debía esperar ya que la recuperación se tornaba así en todas las personas; fueron tantas escusas con el objetivo de no hacerle enterar sobre lo que  estaba pasando, en ocasiones se deprimía por no poder llevar la vida que tenía anteriormente; sin embargo los días pasaban y se ponía cada vez peor, hasta que en la última semana se recuperó por completo, todos sentíamos tanta felicidad y pensábamos que todo fue un  milagro, pero al final llegamos a la conclusión que únicamente se estaba despidiendo de este mundo que lo hecha mucho de menos.

Su sepelio fue un evento que lo tengo presente siempre, todos vestidos de negro, la iglesia a punto de estallar, gente que lloraba por todos lados y otros que solo iban por curiosidad; la ceremonia se hizo tan corta, posteriormente recurrimos al panteón donde permanece desde aquel día, en el que muchos sueños se fueron con él.

Tengo la satisfacción de haberlo valorado cuando estaba con vida y aún hoy que me estará viendo desde allá, el cielo y tengo la firme certeza que me cuida y me protege en todas las cosas que hago y cada vez que voy con un ramito de flores le rezo y le pido resignación para todos quienes fuimos sus familiares.
  

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